Querido lector, hoy quiero compartir contigo la historia de nuestro Insurgente. Lo llamo así porque conecta Zinacantepec, en el Estado de México, con uno de los puntos neurálgicos de la capital: Observatorio. En aproximadamente una hora enlaza dos valles y puede ahorrar hasta hora y media comparado con un viaje que dura dos horas y media. Para quienes somos originarios de Álvaro Obregón, esos minutos forman parte de nuestra rutina diaria.
Con casi 58 kilómetros y siete estaciones, este tren acerca hogares, escuelas y lugares de trabajo. Desde Observatorio es posible continuar en la Línea 1 del Metro, tomar el RTP u otras rutas de transporte público, o llegar a la Terminal Poniente para viajes fuera de la ciudad. Santa Fe y Vasco de Quiroga completan una conexión estratégica para el poniente de la capital.
La magnitud de la ingeniería es digna de reconocimiento: alrededor del 86 % del recorrido es elevado. Viaductos, túneles y un puente atirantado de 515 metros permiten salvar desniveles y obstáculos. Sin embargo, la complejidad técnica no explica por sí sola la demora que atravesó tres gobiernos federales.
La construcción inició en julio de 2014, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, y se anunció que entraría en operación en diciembre de 2017. Andrés Manuel López Obrador inauguró las etapas hacia Lerma y Santa Fe, pero dejó pendiente el tramo hacia Observatorio. Claudia Sheinbaum abrió la sección final el 2 de febrero de 2026: once años y siete meses después del inicio y más de ocho años después de la fecha prometida.
El presupuesto también se modificó con el tiempo. La SCT anunció inicialmente 38 mil millones de pesos; el Programa Nacional de Infraestructura contemplaba 38 mil 608 millones. Para 2018, la cifra ascendía a 59 mil 216 millones. En la inauguración de 2026, el Ejecutivo mencionó alrededor de 100 mil millones, mientras que un documento del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de 2025 señalaba 140 mil 134.8 millones como inversión total registrada. Estos conceptos deben conciliación y no deben confundirse con el gasto efectivamente realizado.
Los retrasos tuvieron diversas causas: derechos de vía sin resolver, conflictos con comunidades y ejidatarios, amparos, bloqueos, cambios en el trazo y dificultades administrativas. Una investigación académica basada en auditorías de la ASF documentó 64 convenios modificatorios para nueve contratos entre 2014 y 2021. Estos no prueban corrupción por sí mismos, pero sí obligan a cuestionar cómo se planificó y supervisó la obra.
En 2024, el gobierno capitalino reconoció que la caída de una lanzadora y problemas sociales alteraron los cronogramas hacia Observatorio. Mientras tanto, vecinos como yo hemos vivido cierres, desvíos y modificaciones viales: el costo de una obra también se mide en los años que trastorna la vida cotidiana.
El Insurgente representa una oportunidad de movilidad que vale la pena aprovechar. Reconocerlo no elimina la exigencia de transparencia. Una obra pública debe evaluarse por el tiempo que devuelve a las personas, por su seguridad y por la responsabilidad en el uso del dinero público. Después de tantas promesas, los vecinos merecemos que conectar territorios también signifique cumplir. La inauguración debe marcar el inicio de un servicio confiable, mantenimiento adecuado y rendición de cuentas claras.